domingo, 23 de mayo de 2010

¿Conocéis esa sensación de odiar tanto a una persona no porque os haga daño, sino porque tenéis la certeza de que cuando vuelva a dedicaros una sonrisa, una que sea solo vuestra y de nadie más, dejareis de odiarla y estaréis dispuestos a darle el mundo por un instante mas para disfrutar de su sonrisa? Yo si. Cada día, cada vez que se enfada. Cada vez que la hecho de menos. Cada vez que tengo miedo, esa sensación me atenaza el alma y me impide pensar. Y entonces, para olvidarme de ella y del mundo, lo mejor es coger un libro poner música clásica y dejar vagar mi mente en libertad. Libre de amor, de condiciones, de mascotas. Libre de todo.
Y eso es lo que hago, hasta que vuelve, ya de mejor humor. Y la veo de nuevo, y me sonríe por el simple hecho de que no puedo apartar mis ojos de ella. Es entonces cuando se que le daría todo lo que ella me pidiera si consiguiera un instante mas para disfrutar de la sonrisa que hace que todo vaya bien.

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