Sombras que se acercan y acarician mi espalda con frio tacto. Que devoran mi cuerpo y mi alma con cada roce.
Sombras que clavan puñales de los que las sabanas no pueden protegerme.
Sombras que clavan puñales de los que las sabanas no pueden protegerme.
Que secuestran y silencia cada uno de mis gritos.
Que me llenan de ansiedad. Sombras que dejan mi mente racional activada y me instan a que grite. A que aúlle de terror con cada paso. Que juegan conmigo como si fuera su pequeña puta de porcelana. Que me utilizan, que recorren mi cuerpo con besos prohibidos.
Alucinaciones de una mente corrompida por enfermedad. Donde formas enromes se arrojan sobre pequeñas, aprisionándolas y ahogándolas. Ansiedad. Terror. Pánico. Gritos. Oscuridad.

Por eso y para eso están los colores. Y estoy yo, Onírica, para perderme en la cama contigo, tal vez. Y que así no te den miedo.
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